Cómo un piano desafinado inspiró a un artista de Delaware a organizar sesiones de improvisación comunitaria en un restaurante chino de Newark
Lo que comenzó con una parada para una entrega de DoorDash y un piano descuidado se ha convertido en una serie de sesiones de improvisación que atraen a colaboradores.
Juan Zacheas Leonard, alias “Zeek”, organiza una sesión de improvisación mensual en el restaurante New Number One Chinese Food de Newark, Delaware. (Kimberly Paynter/WHYY)
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Cuando Juan Zacheas Leonard entró en el restaurante New Number One Chinese, en New London Road, para recoger un pedido de DoorDash en el verano de 2023, no iba buscando un piano.
Sin embargo, un instrumento viejo y desafinado, arrinconado en un extremo del local de Newark (Delaware), llamó su atención.
El dueño del restaurante le dijo que el pedido tardaría unos 10 minutos. Leonard –que actúa bajo el nombre artístico de Zeek– se sentó a tocar mientras esperaba.
No tenía forma de saber que esos pocos minutos no solo transformarían su propia trayectoria creativa, sino que también convertirían el restaurante en uno de los puntos de encuentro más inesperados de Delaware para músicos, artistas y amantes de la música.
Lo que empezó como unas pocas canciones en un piano descuidado ha evolucionado hasta convertirse en una sesión de improvisación comunitaria que ha atraído a artistas de toda la región –incluidos el cantautor ganador del Grammy Leon Thomas y el gobernador de Delaware, Matt Meyer– y que sigue llegando a espectadores de todo el mundo a través de transmisiones en vivo.
El piano había permanecido allí durante años mientras la vida seguía su curso a su alrededor. Los clientes entraban y salían cargando envases de arroz frito, “lo mein” y alitas de pollo. Las estaciones cambiaban. El polvo se acumulaba sobre la desgastada estructura del instrumento. La mayoría de la gente apenas reparaba en él.
Hasta que un artista llegó buscando un lugar donde tocar.

En busca de estabilidad
Leonard creció entre Frankford y Dagsboro, rodeado de música.
“Empecé a trastear con la música cuando tenía cuatro años”, comentó.
Su madre le inició en el piano y la iglesia se convirtió en su primer escenario.
“Mi madre tocaba el piano y compró un… Yamaha eléctrico. Me enseñó una canción y, a partir de ahí, seguí por mi cuenta”, contó. “Crecí en la iglesia. Siempre estuve rodeado de músicos, (ya fueran) baterías, bajistas u organistas. Desarrollé… un amor por la música en ese formato”.
A medida que crecía, Leonard aprendió de forma autodidacta a producir música, experimentó con remezclas y se sumergió en los sonidos del góspel, el R&B y el soul. Pero, al igual que muchos artistas independientes, acabó enfrentándose a una pregunta difícil: ¿podría la vida creativa traerle la estabilidad que buscaba?
“En realidad, la razón por la que trabajaba repartiendo con DoorDash era que estaba a punto de dejar la música. Intentaba entrar en el mundo de la tecnología”, comentó. “Acababa de terminar un curso intensivo de programación y hacía DoorDash mientras buscaba empleo”.
Por aquel entonces, Leonard también perdió el acceso al piano acústico que solía tocar en la Universidad de Delaware.
“Al entrar, miré a la izquierda y vi un piano viejo en la esquina”, recordó Leonard sobre aquel momento en el restaurante New Number One Chinese. Aunque todavía tenía un teclado en casa, “tocar un piano acústico de verdad es algo totalmente distinto. Sentir la vibración de las cuerdas provocada por el martillo que se activa al pulsar las teclas… Es una experiencia completamente diferente cuando tocas un piano auténtico”.
A pesar de su estado, el piano le causó una gran impresión, señaló Leonard.
“Aunque era viejo y estaba desafinado, se me quedó grabado porque tenía un sonido que no era normal, sino encantador e interesante”, dijo.
El dueño le animó a volver.
Donde floreció la música
Tocar el piano del restaurante pronto se convirtió en parte de la rutina habitual de Leonard.
A principios de 2024, un amigo le animó a grabarse tocando el viejo instrumento y a postear los vídeos en internet.
La serie, titulada “Putting the Chinese restaurant on to jams” (Llevando la música al restaurante chino), mostraba a Leonard interpretando versiones de R&B, funk y soul en el local e interactuando con los clientes. En poco tiempo, los vídeos tuvieron audiencia en línea.
Leonard dejó algo claro: nunca trató ganar seguidores, sino encontrar paz.
A medida que posteó más vídeos, invitó a su amigo a acompañarle. En cada retransmisión en directo, los espectadores sugerían añadir más instrumentos y mejorar el sistema de sonido, algo que al principio le parecía absurdo.
“Empezamos a llevar altavoces. Empezamos a hacer música. Empezamos a hacer remezclas”, contó. “Prácticamente lo tratábamos como un estudio público en aquel momento”.
La fama de la música de Leonard y del restaurante chino donde tocaba siguió extendiéndose. Bateristas, bajistas, saxofonistas y cantantes empezaron a acudir al restaurante, transformando un sencillo local de comida para llevar del barrio en una sesión de improvisación abierta donde nunca había dos actuaciones iguales.
“Todo es pura dicha. No hay nada planeado; simplemente aparecemos y tocamos”, comentó. “Yo puedo empezar con un ritmo –normalmente algo de R&B, góspel, funk o soul, o algo por el estilo– y la cosa despega, porque el baterista quizás quiera aportar algo a ese ritmo. Todos nos retroalimentamos y creamos algo nuevo. Es casi como magia”.
El público pasaba a formar parte de la actuación. Algunos cantaban; otros bailaban. Muchos sacaban sus teléfonos para inmortalizar el momento. Los clientes que entraban a cenar a menudo se quedaban mucho tiempo después de que su comida estuviera lista.
“Tendrás gente que entrará, tal vez pedirá comida, y luego olvidará que está en un restaurante debido a todo lo que está sucediendo”, dijo. “Puede que pidan comida, se queden unos 10 o 15 minutos y luego se vayan”.
Para Leonard, el mayor cambio no fue el creciente público ni el reconocimiento. Fue redescubrir la confianza que creía había perdido.
“Cuando fui a recoger …el pedido de DoorDash en el restaurante chino, ese piano me recordó que debía inclinarme más hacia mi lado creativo y no dejarlo totalmente de lado”, comentó.
“El hecho de poder dar vida a algo en un restaurante chino con un piano, y llegar a tanta gente de todo el mundo, definitivamente revitalizó mi espíritu”.

Un piano imperfecto; una comunidad perfecta
A medida que las sesiones de improvisación crecían, Leonard se dio cuenta de que se estaban convirtiendo en algo más grande que simple música.
“El hecho de que el piano estuviera desafinado y no en muy buenas condiciones… pensé que eso… en realidad alejaría a la gente”, dijo.
Sin embargo, ocurrió lo contrario.
Leonard dijo que las imperfecciones del piano son las que hicieron posible este fenómeno. Al estar el instrumento desafinado, los músicos deben adaptarse a él y entre sí, creando un sentido de colaboración y propósito compartido.
“Podemos lograr que todo encaje si todos acordamos estar en sintonía con el piano”, afirmó.
Espera que la gente se vaya del restaurante con algo más que una actuación memorable.
“Espero que se sientan revitalizados”, dijo. “Que salgan del restaurante sintiéndose genial y con la sensación de qué pueden hacer lo que quieran. Sin importar lo que pase en el mundo”.
Estas sesiones de improvisación también han brindado a Leonard oportunidades que nunca imaginó, conectándolo con otros artistas y colaboradores. Incluso ha producido un par de canciones con KWN, cantautor, rapero y productor británico.
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